Esto es lo que le sucedió a Nacho, que fue profesor nuestro de filosofía y amigo.
Estas cosas te hacen pensar...
Que no estamos solos en el mundo. Allá donde vayas, siempre encuentras buenas personas.
No tiene desperdicio, esperamos que os guste:
Pay it foreward
A veces suceden cosas extrañas.
Mientras hacía el equipaje para venir a Canadá decidí no traer conmigo nada de música. Nada de Cds, Mp3, guitarras; nada. La idea era tomarme un descanso que me obligara a abrirme a la música de aquí y que me hiciera echar de menos la mía para cogerla a la vuelta con más fuerza. También es verdad que tenia en mente comprarme una guitarra acústica canadiense porque son muy buenas y, debido al cambio del dólar, se pueden encontrar a buen precio. Je,je.
La soledad de estar sin música se dejó ver enseguida . Desde el primer momento me puse a recorrer todas las tiendas de Vancouver en busca de una guitarra que me acompañara durante mi estancia y que se viniera conmigo de vuelta a España. Tenía pensado gastar como mucho unos 1000 dólares canadienses (700 euros aprox.) pero sucedió lo que pasa siempre; que empiezas a probar y a comparar, que una guitarra te lleva a otra y que al final vas poco a poco aumentando el límite que te habías establecido...
En fin, el caso es que el miércoles pasado, cuando me encontraba visitando la séptima y última tienda de música de la ciudad, pasó algo inesperado. Estaba probando por enésima vez la guitarra que me parecía mejor de todas las que había visto (una Larrivee canadiense de 1000 euros) y escuché el sonido que provenía de otra guitarra, esta de 12 cuerdas, que estaba tocando un chaval.
No me gustan las guitarras de 12 cuerdas, pero ¡cómo sonaba aquello!
Era una guitarra americana que se llama Taylor. Mientras la oía tocar me fije en que había otra de seis cuerdas de la misma marca colgada en la pared. Eché una ojeada al precio. Arggg!: 2000 dólares canadienses (unos 1400 euros). Aun así la probé sólo por ver como sonaba (con algo de miedo a que me gustara, la verdad. Desgraciadamente me gustó. Ya lo creo que me gustó. Es la mejor guitarra acústica que he oído en mi vida.
La verdad es que salí de la tienda un poco jodido. Había encontrado la guitarra que andaba buscando pero costaba demasiado. Era un capricho demasiado caro (mi guitarra española me costó 700 euros, para que os hagáis una idea).
Pues bien, cabizbajo y circunspecto me fui de vuelta a casa. Para animarme un poco aproveche mi paso por el Down Town para colarme en una tienda que ya había visitado el día anterior. Sólo por curiosidad fui a comprobar si también allí tenían aquella guitarra. Y la tenían. Esta vez no quise ni probarla.
En vez de eso intente sin éxito disfrutar tocando algunas más sencillas. El encargado se acercó y me preguntó qué me parecían. Le dije que aquellas sonaban bien al aire pero mal una vez enchufadas. Sin querer, de vez en cuando, se me escapaba una mirada de reojo a la Taylor. Entonces me acercó un tío más o menos de mi edad, hablando bajo y muy tranquilo y me preguntó mi opinión sobre algunas de las guitarras que estaba probado. Yo le dije lo que pensaba y el me preguntó si no me importaba tocar una Takamine que él quería comprar para una amiga. Sonaba muy bien y no estaba tan dura como suelen muchas acústicas, pero era negra y brillante y eso no me gustaba nada.
A continuación me pidió que la comparara con la Larrivee. Lo hice. No recuerdo si entonces me preguntó o si captó una de mis miradas. El caso es que me dijo si quería tocar la Taylor. La probé. Se me iluminó la cara. Para mí estaba claro. No había ni punto de comparación. Sin embargo este desconocido seguía empeñado en que la guitarra negra iba a ser más apropiada para su amiga porque sonaba muy bien y porque la estética, que también es importante, parece ser que encajaba más con la de su amiga.
En fin, que el tío, que como luego supe se llama Robbie, se decidió por ella y le dijo al encargado que se la iba a llevar.
Es entonces cuando me miro a mí y me dijo que qué iba a hacer yo. Yo le dije que esa guitarra era muy buena pero costaba mucho más de lo que yo había pensado gastarme. Con la misma tranquilidad con la que me había hablado hasta entonces me preguntó algo un tanto inquietante:
¿Y cuanto habías pensado gastarte?
Le dije que 1200 dólares canadienses (800 pavos) y el respondió con otra pregunta: ¿Te la llevarías ahora si sólo costase 1200 dólares?
Yo empecé a temblar. No sabía muy bien lo que estaba sucediendo aunque creía adivinarlo. Por mi cabeza se cruzaron mil ideas. ¿Qué quiere este tío de mí? ¿Será gay? No parecía un loco ni tampoco alguien que fuera de sobrado. Con todas esas preguntas en la cabeza no era capaz de pensar en una respuesta que era evidente (Hoy, algunos días después, he comprobado que esa misma guitarra me hubiera costado en España, en el mejor de los casos, 1895 euros)
Después de unos segundos, que se me hicieron eternos, dije que sí, que claro que la compraría si tan sólo costara 1200 dólares. Entonces Robbie se levantó con tranquilidad, cogió su guitarra y le dijo al encargado que cogiera también la mía. Que yo iba a pagar esos 1200 dólares que estaba dispuesto a gastarme y que él iba a pagar el resto (unos 800, o sea 600 euros).
Entre incrédulo y asombrado, temblando todavía de emoción, me dirigí al mostrador, saqué mi tarjeta y pagué mi parte de la guitarra mientras Robbie, que ya había pagado la suya, sacaba de su cartera los 800 dólares restantes (en billetes de 100) para pagar el resto.
No te preocupes, me dijo sonriendo. Alguien hizo un día algo parecido por mí y ahora yo lo hago por ti. Tal vez tambien tú puedas devolver el favor algún día.
Cuando llegue a casa y le conté a la familia lo que me había sucedido y abrí el estuche para enseñarles lo que traía, asombrados, me dijeron que una guitarra así debía tener un nombre y me preguntaron si ya había pensado alguno para ella, y yo, sin dudarlo un segundo, respondí - Robbie.
Como es tradición que las guitarras tengan nombres femeninos, como Lucille, Layla..., y a pesar de que también Robin es nombre de mujer, he decidido rebautizarla como Robina, que no es el nombre más bonito del mundo, pero que no deja de tener cierta gracia:)
Nacho Pereda Cervera